Posverdad; la indignación cómo heroína en Internet

Querida audiencia (escasa pero sólida):

He vivido estos días de pandemia, estado de alarma y confinamiento, muy reflexivamente. Cómo todos, he consumido información muy por encima de mis posibilidades neuronales. He intentado realizar pensamiento crítico con todas ellas, algo, que sólo es posible, cuando el tiempo hace acto de presencia.

Se han visto tal cantidad de fakes, algunas news, y otras directamente trolas, que me han dejado perpleja. Pero lo que más me ha sorprendido, es cómo esas cosas, me las pasaban personas aparentemente sensatas y sin trastornos emocionales.

Y es que la indignación, el odio y la rabia han dominado las redes sociales estos días. Miedo en definitiva; mucho miedo a perder lo que hemos sido hasta hace muy poco. Miedos a los cambios, a no saber que va a ser de nuestro trocito de precariedad consentida, miedo a lo que nos viene; miedo a incertidumbre.

Porque ansiamos certezas por encima de todo y pese a todo. Algo que genera mucha adicción; las certezas, lo blanco frente a lo negro, la exactitud, lo predecible, necesitamos saber que algo es seguro y no especulativo, y mejor, si me lo dice alguna autoridad competente, y no tengo que comerme mucho el coco.

Cuando la vida misma nos lleva demostrado a todos los que tenemos mas de 40 años, que vivimos una gran incertidumbre continuamente, y que la única certeza con la que contamos es nuestra serenidad trabajada por el paso de los años, la experiencia que te da la vida, el saber que también saldremos de esta, sin muchos daños cerebrales. Buscamos fuera lo que tenemos dentro.

Qué es la posverdad y qué tiempos estamos viviendo

Somos verdaderos adictos de las certezas, las necesitamos para tener cierta serenidad psicológica. Este hecho nos hace muy manipulables en un mundo eternamente cambiante e incomprensible. Estos días he visto los mismos estudios científicos que avalan la teoría del murciélago que infectó la sopa del contagiado cero, cómo los que sustentan el escape en el laboratorio de Wuhan.

Lo que hoy tengo cómo seguro, mañana probablemente me encontraré con una prueba irrefutable de la falsedad de tal hecho. Esto es lo que se conoce como posverdad; “Lo relativo o referido a circunstancias en la que los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones que esto me genera, y mis propias creencias.”

Yo puedo creer ciegamente la teoría del murcielago y la sopa, porque psicológicamente, ansío tener la certeza sobre las solvencia que tienen las instituciones mundiales. Pero si se demuestra que hubo una fuga en el laboratorio, u otros intereses en este virus, siempre podremos decir, “que unos hechos alternativos sobre este episodio, provocaron la pandemia”.

Lenguaje mediático  de propaganda infinita

La posverdad se alimenta de la incertidumbre; y nuestro muro de Facebook es una bomba programada para esto. Esta incertidumbre vital, busca refugio en el cinismo, y se siente plena en nuestra hambre continua de satisfacción inmediata y capacidad de distracción.

Me explico, para poder elaborar un pensamiento complejo, se necesita cierto reposo, y coherencia en el contenido que leemos. Los telediarios ya no producen ese efecto, tienen un plano medio de 3,4 segundos, para que nuestro ojo no descanse, para que tengas algo nuevo que ver siempre. Pese a todo, existe cierta homogeneidad de contenido.

El feed de Facebook, Twitter, y los Whatsapps nos ofrecen contenidos inconexos, es una catarata de información inagotable e impredecible, un follón continúo donde los animales conviven con la bomba atómica, los políticos con los videos de gatitos, las recetas de cocina con el reclamo de test masivos para la población, la actualidad con los recuerdos, la fantasía con las fakes news. Y nos encanta, siempre hay algo nuevo que nos reclama.

El contenido en sí es lo de menos, nuestras emociones lo enturbian todo. Va a depender de la etiqueta que emocionalmente yo le tenga atribuida a la persona que comparte la información, para que en mi mente esto tenga cierta credibilidad. Y si no la tiene, aparecerá la indignación, y comenzará el circo, independientemente de la solvencia del contenido que me llegue. ¿verdadero o falso? ¿a quién le importa?

Se nos olvida que el acto de pensar en sí, es transformador. Pero nosotros estamos enganchados a trocitos de realidad inconexos, que se suceden delante de nuestras pupilas. El acto de desplazar el pulgar, y cargar más y mas contenido, leer más y mas Whatsapps, nos proporciona más y mas trocitos de nuestra realidad y más enganchados estamos.

Qué es la adicción a los contenidos

Hubo una época de mi vida laboral que tuve que trabajar con las adicciones y las personas que las padecían. Aprendí mucho del comportamiento humano. Solemos frivolizar pensando que estas enfermedades las padecen personas excluidas socialmente. Para nada, convivimos con nuestras adicciones socialmente aceptadas, día tras día.

Los adictos a la cocaína o al juego patológico, saben que son adictos al estado de ensoñación nerviosa que les produce la droga o el ritmo del juego que les obsesiona. Consumen para estar en un mundo perfecto, y precedible para ellos, completamente ajenos a la realidad.

Los adictos a las secuencias rítmicas y fragmentadas de las plataformas digitales creen que son adictos a la política, la actualidad o las noticias. Viven convencidos de estar al día y perfectamente informados, cuando en realidad vivimos todos enganchados al consumo irresponsable de contenidos falsos o manipulados, de productos inadecuados que nos engordan y enferman sin alimentarnos. (Veáse la cantidad de bizcochos guarrindongos cocinados esta pandemia).

Según un estudio de Counterpoint Research los usuarios pasan una media de 3 horas y media mirando el móvil, el 50% de los usuarios pasa 5 horas al día, y uno de cada 4 usuarios pasa 7 horas mirando el móvil. Casi todas las aplicaciones que miramos pertenecen a la misma empresa, cuyo negocio es investigar, clasificar y empaquetar usuarios para venderlos a sus auténticos clientes. Empresas de marketing, agencias de información, campañas políticas… (Nosotros somos el producto).

Conclusiones de esta abogada distópica

La información que consumimos no es neutral, está diseñada para perturbarnos emocionalmente. Debemos ser conscientes del escenario en el que vivimos y ejercer nuestro pensamiento crítico. Si algo te produce una indignación extrema no corras como un loco a reclutar correlegionarios de tu causa, espera un poco, indaga otras fuentes y debate con alguien cercano. A ser posible un ser querido, amigo o familia con otro punto de vista.

Si lo subes a las redes el algoritmo de recomendación, va a dar con usuarios cercanos a tí con un pensamiento muy parecido, y sólo conseguiréis más y más dosis de indignación. El miedo es un virus muy peligroso que no se cura con el aislamiento social, sino todo lo contrario. OJO.

Las tecnologías son maravillosas siempre que sepamos que están a nuestro servicio. Carecen de ética, de responsabilidad y de empatía porque no son humanas. Son meros instrumentos digitales a nuestro servicio. Nos han servido para acercarnos en momentos difíciles,porque hemos decidido utilizarlas para ello. No permitas que envenenen tu consentimiento. EL CONTROL DE TODO ESTO SIEMPRE LO TIENES TÚ. No asustes a otras personas con noticias de las que desconoces su origen.

¿Que valores quiéres repartir por la red? ¿Rabia y odio? Yo elijo, la cercanía, la comprensión y la empatía. He visto causas altruistas maravillosas, reparto de alimentos, mascarillas, tiempo para personas solas, terapias online, cursos gratuitos de contenido precioso. Tu puedes hacerlas viral, no te darán tantos likes cómo los contenidos conspiro-paranoicos pero te harán sentir mas tranquilo y conectado.

Y sí, saldremos de esta, cómo de todas las situaciones históricas convulsas, colaborando, y con mucho esfuerzo personal. La verdad de lo que está ocurriendo a otros  niveles, sólo lo sabremos con el tiempo; así que mas nos vale ser precavidos y responsables.

No dejes que te manipulen, aprovecha tu tiempo constructivamente.  Yo apuesto por una vida sencilla, llena de ilusión por pequeñas cosas, sientiéndome cerca de personas queridas y dispuesta a colaborar con quien me necesite. María Murciano Calderón.

P.D: Datos y cursiva del libro de Marta Peirano “El enemigo conoce el sistema” que ha inspirado este post y que recomiendo su lectura.

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